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3 de octubre de 2021

Osvaldo Fresedo, “El Pibe de La Paternal”

En el Tango del Mediodía, escrito por Adolfo Barrios, se narra la prolífica obra de Fresedo, amado por los círculos más exclusivos, con su estilo refinado, elegante y con nuevos sonidos.

Nació en Buenos Aires, en 1897, en el seno de una familia de cómoda posición económica, lo que parece haberlo marcado artísticamente: su orquesta, de estilo refinado y aristocratizante, fue la preferida de los círculos elegantes. Su padre era un rico comerciante, y cuando el niño tenía diez años la familia se asentó en La Paternal. Allí se inició en el bandoneón.

En 1913, comenzó a tocar en público como integrante de un terceto juvenil, del que también formaba parte su hermano Emilio en violín, y que completaba una guitarra.

Actuó luego con su amigo Eduardo Arolas, y después con Roberto Firpo. Arolas y Firpo eran ya, en la segunda década del siglo XX, dos figuras fundamentales del tango como instrumentistas, directores y compositores.

Formó posteriormente un trío con el pianista Juan Carlos Cobián y el violinista Tito Roccatagliata. El encuentro entre Fresedo y Cobián (quien luego cobraría enorme celebridad como compositor de “Los mareados” y “Nostalgias”) fue decisivo para la evolución orquestal del tango en los años '20. La delicadeza del gusto, los suaves matices y los solos del piano apuntaban al oído de las clases altas, a quienes le llegaba el mensaje musical del arrabal profundo, pero siempre con distinción y clase.

En 1921,  viajó a Estados Unidos junto con el pianista Enrique Delfino y el violinista Tito Roccatagliata para integrar, junto a otros músicos, la Orquesta Típica Select, que grabó medio centenar de temas. A su regreso, Fresedo rearmó su sexteto, confiando esta vez el piano a Cobián.

Su orquesta comenzó a actuar en los grandes salones de Buenos Aires y es invitada a los casamientos y fiestas de Barrio Norte. Sus músicos y cantores vestían riguroso frac, la orquesta brindaba verdaderos conciertos y las letras de los tangos elegidos evitaban y eludían el lunfardo y las acciones violentas, y se limitaban a narrar románticas historias de amor.

La orquesta se presenta también en el Palacio Errázuriz para homenajear al Príncipe de Gales y es convocada por Cantilo, Gobernador de la provincia de Buenos Aires, para agasajar al príncipe Humberto de Saboya.

A las presentaciones en Buenos Aires le suceden luego las giras por Estados Unidos y Europa donde su calidad es reconocida por un público muy exigente. La presentación de la orquesta en el célebre teatro Opera de París fue considerada antológica. Los temas musicales se corresponden con el estilo, destacándose su obra cumbre, el tango “Vida mía”.

Desde su primera orquesta imprimió su característico sello estilístico, el cual, a pesar de haber evolucionado en las siguientes décadas, se mantuvo inalterable en lo esencial, convirtiendo a su conjunto en un verdadero alarde de elegancia,   privilegiando la sonoridad y brindaba verdaderos conciertos. Fue Fresedo, uno de los más importantes renovadores del tango a principios de la década de 1920, junto con otros jóvenes músicos de ese momento, como Julio de Caro y Juan Carlos Cobián. Todos ellos, sobre la base de su mejor nivel técnico, supieron imponer el estilo musicalmente más depurado que caracterizó al tango que desde entonces se dio en llamar el tango de la Guardia Nueva.

Fresedo elegía cantores que, además de tener el nivel de calidad requerido, encuadraban en ese estilo, tales como Roberto Ray, Oscar Serpa, Ricardo Ruiz, y Héctor Pacheco.  Este último, no solamente perteneció por derecho propio a esa escuela sino que incluso para más de un crítico fue su mejor exponente, el más afinado, el más seductor y, también, el más personal.

Fresedo tuvo la audacia de introducir en el tango timbres nuevos, como los del arpa y el vibráfono, y de utilizar discretamente la batería, pero conservando y dándole un enorme relieve a la cuerdas, elementos esenciales en los conjuntos que dirigió.

Cada tema lo preparaba minuciosamente. Los integrantes de la orquesta ensayaban por separado. Primero las cuerdas, luego los bandoneones y finalmente el piano y el violoncello. Cuando todos los integrantes se reunían, el tema musical estaba elaborado hasta en los detalles y cada músico sabía lo que tenía que hacer.

Fresedo continuó dirigiendo hasta su retiro en 1980, dejando de grabar ese año en el sello CBS, donde había grabado con Argentino Ledesma como último cantor invitado, constituyéndose así en el director de orquestas de tango de más larga trayectoria que pueda hallarse en el tango: más de 1.250 grabaciones dan testimonio de ello, y su presencia en el disco abarcó 63 años.

Osvaldo Fresedo falleció en Buenos Aires, el 18 de noviembre de 1984.

En toda esta evocación, hablamos de estilo refinado, elegancia, distinción, cuidados matices. Ahora tenemos la oportunidad de comprobar y disfrutar todos esos atributos: "Vida mía", tango compuesto en 1933 por Emilio y Osvaldo Fresedo, versión de la Orquesta de Osvaldo Fresedo con la voz de Héctor Pacheco, grabado en  Buenos Aires el 21 de setiembre de 1952.

 

En la página, la narración y el tango mencionado.

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