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21 de agosto de 2021

Homero y Virgilio, los poetas del tango

Adolfo Barrios nos trae la historia de los hermanos Expósito, virtuosos poetas del tango que comenzaron a escribir sus primeras creaciones apenas pasados los 11 años. Su prolífero trabajo alberga obras de la dimensión de Naranjo en Flor o Afiches, entre tantas.

Homero y Virgilio, los poetas del tango

Autor: Adolfo Barrios

Homero Expósito, el poeta que cambió la lírica del tango en obras como Naranjo en flor, Pedacito de cielo o Percal, nació el 5 de noviembre de 1918 y fue bautizado con nombre de poeta: Homero. Pero su apellido era inventado: Expósito, que encuentra su explicación en que su padre, Manuel, huérfano, había decidido llevar ese apellido como recordatorio del lugar de donde venía, la Casa de Niños Expósitos de Buenos Aires fundada por el virrey Vértiz en la actual avenida Montes de Oca.

Homero nació en el puerto bonaerense de Campana, pero a los pocos días ya estaba de regreso en la vecina Zárate donde su padre tenía una panadería y confitería. Y fue allí donde, seis años después, llegó el esperado hermano que tendría, también, nombre de poeta: Virgilio, con quien compartieron autoría en temas memorables.

Homero, tenía sólo 17 años cuando empezó a componer junto con Virgilio, que era un pibe de 11. Lo primero que compusieron seriamente fue uno de los últimos tangos que les estrenaron, “Maquillaje”

Más allá del esfuerzo de los padres para que sus hijos no fueran sólo inmigrantes rústicos como ellos, Homero Expósito decidió ir a la facultad de Filosofía, aunque abandonó cuando le faltaban sólo los finales de griego y latín.

Expósito mamará los clásicos griegos, la poesía española, y las obras de teatro por las que sentía especial devoción al punto que durante toda su vida estuvo vinculado al arte dramático como promotor, director y actor. Fue así que llegó al tango con una formación literaria tal, que podía afirmar sin jactancia que “nadie puede escribir un tango si no sabe escribir un soneto”.

Homero trastocó las rígidas reglas de la lírica tanguera habitual, que apelaban al relato costumbrista con cierto aire de pintoresquismo, y hasta la sentimental evocación de la nostalgia, generada en repetidos fracasos y resignaciones amorosas.

En la poética de Expósito se aprecia una suerte de síntesis de las narrativas que dominaban el género en la época: se ubica entre el lirismo romántico y nostalgioso de Homero Manzi, y el sarcasmo catastrófico y fatalista de Enrique Santos Discépolo.

Meticuloso hasta el hastío, trabajaba cada letra con paciencia de orfebre y cada versión final de una obra no era otra cosa que un borrador. Nelly, su esposa, contaba que Homero llegó a hacer 63 versiones de “Chau, no va más”.

A Homero y Virgilio no los unían tan sólo los nombres de poetas y la sangre, sino que coincidían y se complementaban. A la pluma de Homero, Virgilio le sumaba su virtuosismo al piano, su inspiración como compositor, y su talento como arreglador y director de orquesta.

En 1942 en la Confitería Richmond, actúa el cubano, Ignacio Villa, conocido como “Bola de nieve” y traba amistad con los hermanos Expósito. Años después, les pregunta si tenían algún bolero para grabar.  Le ofrecen “Vete de mí”, compuesto en 1936, cuando Homero tenía 18 años y Virgilio 13. Ese tema cambió la historia del bolero y de toda la música cubana, transformándose en un suceso histórico en Cuba. Fidel Castro era fanático de esta canción, y no sólo la interpretó Olga Guillot sino que cuenta con casi 400 versiones. Tal vez algún día le dediquemos un micro especial para contar exclusivamente su increíble historia.

“No te detengas a mirar

las ramas viejas del rosal

que se marchitan sin dar flor.

Mira el paisaje del amor

que es la razón para soñar y amar.”

En 1944, los hermanos Expósito parieron su obra más famosa: Naranjo en flor, inmortalizando los versos:

“Primero hay que saber sufrir.

Después amar, después partir

y al fin andar sin pensamiento.”

En 1945 cuando su padre liquidó el negocio familiar, se radicó definitivamente en la capital donde comenzó a activar la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (SADAIC) para desplazar de la conducción al mítico Francisco Canaro.  Junto con Cátulo Castillo, Julio De Caro, José Maria Contursi, José Razzano, Aníbal Troilo, Homero Manzi, y su hermano Virgilio, entre otros, logran el objetivo y Homero será tesorero de la entidad hasta que en 1950 renuncia por diferencias políticas. “No por antiperonista, sino porque no era peronista”, aclaró en su momento.

En 1960, cuando algo llamado rock asomaba por estos lares, junto con Virgilio compuso para el trio oriental TNT (Tim, Nelly y Tom),  “Eso, eso, eso” (que no tiene precio), una suerte de twist que constituyó uno de los primeros éxitos de ventas de ese estilo popular.  Sobre esa incursión, en algo tan alejado de la poesía y del tango, alguna vez Homero dijo lacónico: “Sin comentarios, pero económicamente, muy bien”.

También compuso junto a Palito Ortega “Mi primera novia”

A fines de los 70, los hermanos componen su último tema, con nombre premonitorio: “Chau, no va más” donde habla de “empezar a pintar todos los días sobre el paisaje muerto del pasado”:

En 1985 recibió un Diploma al Mérito de los premios Konex como uno de los cinco mejores autores de tango de la historia de la Argentina.

Y un 23 de septiembre de 1987, Homero Expósito, el poeta con nombre de poeta, falleció.

Dejó más de 700 obras, algunas de ellas:

A bailar - Margo - Afiches - Al compás del corazón - Naranjo en flor - Bien criolla y bien porteña - Pedacito de cielo - Chau no va más - Qué me van a hablar de amor - Quedémonos aquí - Ese muchacho Troilo - Te llaman malevo – Trenzas – Farol - Tristezas de la calle Corrientes - Flor de lino - Vete de mí - Yuyo verde -Maquillaje

Y uno de ellos, Quedémonos aquí, dice:

“¡Abre tu vida sin ventanas!

¡Mira lo lindo que está el río!

Se despierta la mañana, y tengo ganas

de juntarte un ramillete de rocío.

¡Basta de noches y de olvidos,

basta de alcohol sin esperanzas,

deja todo lo que ha sido,

desangrarse en ese ayer, sin fe!”

 

Quedémonos aquí, de Homero Expósito por Rosanna Falasca con la Orquesta de Raúl Garello

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